Hacia un sistema de inteligencia nacional integrado (segunda parte)

Iniciativas

En la primera parte de esta columna, se mencionaron algunos fundamentos y conceptos relacionados con la función de inteligencia. Se concluyó que tanto la búsqueda de información como el análisis no solo son relevantes, si no condiciones para la existencia de un servicio de inteligencia eficaz, lo que finalmente se traduce en la capacidad de desarrollar actividades de vigilancia que permiten adelantarse a los hechos.

En esta segunda parte, como lo señalé antes, propondré algunas iniciativas que, en mi opinión; contribuirían a fortalecer la integración del sistema de inteligencia nacional.

¿Qué inteligencia debería generar la ANI?

Para responderse esta pregunta es preciso recordar que la inteligencia es una función que contribuye a la planificación y a la toma de decisiones, actividades que pueden asociarse a la preparación de situaciones futuras la primera, y a enfrentar situaciones del momento, la segunda. Otra cosa a tomar en cuenta es el nivel de las autoridades que el organismo apoyará, ya que eso indicará tanto el horizonte de tiempo que deberá anticipar, así como el alcance de las materias y elementos a analizar.

De acuerdo a la Ley 19974 tanto el sistema de inteligencia del estado como la ANI, deben asesorar al Presidente de la República y al nivel de conducción superior del estado, para apoyar su toma de decisiones en la consecución de los objetivos nacionales, preservación del orden constitucional y protección de la soberanía.

En el caso particular de la ANI ese alcance se extiende a las apreciaciones globales y sectoriales de acuerdo a requerimientos del Presidente de la República, a la protección de sistemas de información crítica del Estado y las medidas para detectar, neutralizar y contrarrestar las acciones de grupos terroristas, organizaciones criminales transnacionales y las actividades de inteligencia de otros países en Chile cuando no se relacionan con la Defensa.

De este modo se hace evidente que la ANI debe generar un tipo de inteligencia que apoye a las autoridades en la planificación del futuro, así como en sus decisiones con impacto en la conducción del estado en un horizonte de mediano y largo plazo. Esta inteligencia, por lo general, se desarrolla en base a estudios prospectivos y permite identificar escenarios político-estratégicos por venir.

Pero como contribuyente al objetivo de detectar y neutralizar acciones de organismos hostiles, para proteger la soberanía nacional y preservar el orden constitucional; la ANI también debería identificar patrones y tendencias que permitan establecer la evolución de acontecimientos actuales, para así dar alerta temprana previniendo la materialización de amenazas y apoyar la gestión de las crisis que estas puedan generar.

Sin embargo, es muy poco probable que situaciones con el potencial de afectar al país en la forma señalada, sean espontáneas e improvisadas y no respondan a iniciativas delineadas por una voluntad que las imagine, estimule, prepare, coordine, movilice o apoye. Por lo mismo se deben prever no solo los escenarios de conflicto, sino también los elementos cuya manifestación y concurrencia propician o indican la preparación u ocurrencia de tales escenarios.

En efecto, los indicadores de riesgo son uno de los productos más relevantes de este tipo de inteligencia, ya que los medios de búsqueda deben orientarse para verificar su ocurrencia, materializando una observación permanente tendiente a detectarlos. Los indicadores son de múltiple naturaleza y su detección oportuna exige una vigilancia persistente, multidimensional y multiagencial.

En resumen, la ANI debería concentrarse en producir inteligencia prospectiva para el nivel político; de anticipación, para indicar la evolución de situaciones actuales y la  inteligencia necesaria para hacer efectiva la vigilancia estratégica, esta última, único mecanismo que permite anticiparse a la materialización de las amenazas y rol ineludible de una organización de inteligencia nacional.

Algunas iniciativas.

1.- Aprovechar al máximo las prerrogativas de la Ley de Inteligencia actual.

Mucho se discute respecto de las limitaciones que impone la Ley de Inteligencia vigente; sin embargo, la verdad es que tal como está ofrece muchas posibilidades. Una de las más importantes es el empleo de informantes, una herramienta muy poderosa pero que suele relativizarse frente a la ejecución de operaciones y el empleo de agentes encubiertos, tema que ya se trató en la primera parte del artículo.

Los procedimientos especiales de obtención de información, constituyen otra de las herramientas potentes que la ley actual entrega a los organismos de inteligencia y cuyo empleo, además, considera resguardos para evitar su empleo injustificado.

El intercambio de información entre las agencias que componen el sistema de inteligencia, se trata en varias partes del articulado de la ley. En ella se establece claramente que el intercambio de informaciones no solo se requiere, si no que es obligatorio cuando la agencia lo solicita; es más, existen las instancias para evaluar la efectividad de tal intercambio y mejorarlo. Así las cosas, no es por un problema de la ley que dicho intercambio no se produzca, sino más bien por un asunto de confianzas y voluntades.

2.- Crear/Integrar una red nacional interagencial de inteligencia para intercambio de informaciones y requerimientos.

Esta es la mejor manera para normalizar el intercambio de información e inteligencia y hacer de esto una costumbre que trascienda a las personas y sus voluntades. En efecto, un sistema funcionando como parte del día a día de cada uno de los integrantes del sistema de inteligencia, no solo permitirá un intercambio fluido de informaciones, sino que también posibilitará el trabajo colaborativo necesario para generar las sinergias adecuadas.

Es muy probable que en la actualidad ya existan mecanismos de intercambio de esta naturaleza entre alguno de los miembros del sistema de inteligencia del estado, sería muy raro que no fuera así, por lo que la extensión de alguno de ellos hacia los demás miembros que no lo tienen, sería una alternativa bastante más conveniente que generar un sistema nuevo. Obviamente las consideraciones de seguridad jugarán un rol importante para su materialización; sin embargo, los beneficios valdrán la pena el esfuerzo.

3.- Crear un centro nacional interagencial de fusión de inteligencia y monitoreo de indicadores de amenazas multidimensionales.

Un centro de fusión es un lugar en que las alertas convergen y el conocimiento se concentra y en el cual, de manera automatizada o no, estas se complementan para dar forma a un panorama y entendimiento común.

No es un lugar en el que se replican pantallas con la información de varias agencias, sino que un centro al cual se dirige la inteligencia dispersa en las distintas agencias, para preparar a las autoridades reportes unificados y evitarles el problema de recibir informes diversos, algunas veces hasta contradictorios.

Es importante señalar que un centro de fusión nacional no es un centro de monitoreo de sensores, como podrían ser la red de vigilancia volcánica del SERNAGEOMIN, el Sistema Nacional de Alerta de Maremotos del SHOA, el CSIRT nacional u otros por el estilo; es un lugar donde se puede hacer una evaluación de las conclusiones de los mencionados centros de monitoreo, para así formar un panorama integrado. En atención a la calidad y alcance de la inteligencia que ahí se maneja, un centro de fusión incluso podría constituirse en el centro de mando y control para dirigir las crisis.

4.- Considerar la colaboración con el mundo privado y académico en la elaboración de escenarios futuros e inteligencia prospectiva.

La elaboración de escenarios futuros no es exclusiva de las agencias de inteligencia; de hecho, son muchas las personas, organismos, centros de estudios y empresas que pueden producir inteligencia prospectiva de muy buena calidad. Recordemos que la inteligencia es conocimiento generado en base al análisis de personas con las habilidades, competencias, experiencias y dedicación necesarias, para extraer el significado de las informaciones o sucesos de su campo de estudio.

La inteligencia puede beneficiarse mucho de la colaboración público-privado o academia-industria-estado; de hecho, en muchos países esto es una realidad. Por lo demás, en campos específicos, es muy probable que universidades o empresas tengan mejores herramientas para realizar ciertos análisis. De esta forma, es posible imaginar un esquema distribuido de generación de conocimiento, aprovechando las capacidades y el talento de personas que quieran aportar a este esfuerzo.

Conclusiones.

  1. La inteligencia existe para anticiparse a las amenazas, no hay doble lectura; si una organización de inteligencia no es capaz de evitar las sorpresas en su ámbito de acción, no está haciendo bien las cosas.
  2. La anticipación exige vigilancia estratégica para detectar la ocurrencia de indicadores de riesgo.
  3. La ANI debería concentrarse en producir inteligencia prospectiva para el nivel político, inteligencia de anticipación para determinar la evolución de situaciones actuales y coordinar la vigilancia estratégica.
  4. Es probable que la actual ley de inteligencia se mantenga por algún tiempo; aun así, esta contempla elementos suficientes para satisfacer varias de las deficiencias funcionales que se le han atribuido a la ANI.
  5. Incluso sin cambios en la ley de inteligencia vigente, pero si con voluntad y decisión; es posible materializar iniciativas que contribuirían a la integración del sistema de inteligencia del estado.

 

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